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REDUCCION DE DESASTRES COM O UN DERECHO HUMANO Preparado por Helena Molin Valdés ( Extracto de un capitulo del libro "Las Naciones Unidas y su aporte al desarrollo de los Derechos Humanos en las Américas", Sistema de Naciones Unidas, Costa Rica, 1999)

Preparado por Helena Molin Valdés
Jefa de la Unidad para América Latina y el Caribe
Secretaría del Decenio Internacional para la Reducción de los Desasters Naturales
Naciones Unidas
Septiembre 1999

Al hablar de los derechos humanos universales normalmente no se incluye explícitamente el derecho a la seguridad integral frente a las amenazas naturales, sin embargo, se habla de la no violencia y los riesgos asociados a estos. Es hora de incluir este tema como parte integral en la agenda de los derechos humanos, al igual que en la agenda ambiental y de desarrollo sostenible y humano.

En su introducción al Informe Anual de la Organización de las Naciones Unidas de 1999, el Secretario General, Sr. Kofi Annan, trata el tema "Enfrentando el desafío humanitario- Hacia una cultura de prevención", dando énfasis a la necesidad de prevención, tanto ante las guerras como ante los desastres naturales, cada vez más devastadores: " Confrontando los horrores de la guerra o de los desastres naturales, Naciones Unidas lleva tiempo argumentando que la prevención es mejor que la cura; que tenemos que enfocar en las causas de fondo de los problemas, no solo a las consecuencias y sus síntomas. Pero las aspiraciones todavía tienen que ser acompañadas por una mayor acción en este campo. Como consecuencia, la comunidad internacional está confrontando un desafío humanitario sin precedentes".

Al hablar de la Reduccion de los Desastres, Riesgo y Vulnerabilidad, es esencial iniciar sobre las causas y entender la dinámica de los desastres desde punto de vista integral. El siguiente ensayo resume gran parte del legado de la documentación y esfuerzo realizado durante el Decenio Internacional para la Reducción de los Desastres por multiples colaboradores y conclusiones de reuniones; las principales recomendaciones emanadas del proceso de evaluación en América Latina y el Caribe, así como los lineamientos de la Estrategia Internacional para Reducción de los Desastres del Siglo 21.

La urbanización acelerada, el aumento demográfico, degradación ambiental y aumento de la pobreza en grandes grupos de la población en la Región, así como la brecha entre ricos y pobres, "protegidos y no protegidos", nos hacen más frágiles ante la furia de la naturaleza. Agregamos a estas preocupaciones también los peligros provocados por el hombre, como transportes de materiales peligrosos, accidentes tecnológicos, incendios forestales, conflictos, violencia social. El escenario se complica y los derechos humanos se ven seriamente afectados.

El Decenio Internacional para la Reducción de los Desastres Naturales (DIRDN) fue proclamado para la década de los 90 por la Asamblea General de las Naciones Unidas, para promover una actitud proactiva de reducción de desastres en un plano integral y multisectorial y fomentar una cultura de prevención frente al incremento en el impacto de los fenómenos naturales, o socio-naturales, a pesar de contar cada año con mayor conocimiento y avance científico-tecnológico.

Si algo hemos aprendido en el proceso de los últimos diez años, es que los actores principales para lograr esto incluye a todos los sectores y disciplinas, es de carácter multi-sectorial, englobando actores de las propias comunidades que viven en condiciones de riesgo y a la sociedad civil organizada, las autoridades nacionales y locales, los científicos-técnicos y la academia, los medios de comunicación, el sector privado con apoyo de la comunidad internacional y las Agencias de las Naciones Unidas. Lo importante es dejar a un lado el sectarismo y vaivenes políticos para enfrentar esta causa con una gran dósis de humanitarismo y de solidaridad. El desafío es doble: Enfrentar e impulsar soluciones de mediano y largo plazo para erradicar las causas del riesgo, o sea, impulsar la prevención y mejorar la capacidad para responder y de alerta temprana en caso que el desastre ocurra.

El Decenio (DIRDN), propuso desde su declaración metas a los países y organismos locales, nacionales e internacionales para mitigar y reducir el riesgo ante los fenómenos naturales. Las tres principales metas, que deben ser incluidas en los planes de desarrollo en el ámbito nacional y local fueron:

1) Realizar evaluaciones exhaustivas e integrales del riesgo.
2) Incorporar la información del riesgo en los planes de desarrollo y emprender programas de mitigación de desastres.
3) Tener acceso a sistemas de alerta temprana y una amplia difusión de estos avisos.

Se han realizado campañas mundiales, con interlocutores nacionales y locales, sobre temas específicos todos los años, para sensibilizar a los diferentes sectores de toma de decisión. Las campañas culminan el Día Mundial de Reducción de Desastres, segundo miércoles de octubre. El lema del año en curso es "La Prevención recompensa". Al culminar el decenio, en diciembre de 1999, ya se ha adoptado una nueva estrategia internacional para reducción de desastres, que se construirá sobre los principio del DIRDN, asimismo se mantendrá la celebración del Día Mundial de Reducción de Desastres en la misma fecha.

La relación entre reducción de desastres y derechos humanos se enfatizará de manera más visible en las estrategias de reducción de desastres para el Siglo 21. El concepto de reducción de desastres desarrollado durante el DIRDN, se basa en contribuir al factor de bienestar colectivo e individual, al igual que a la estabilidad económica y social.
En realidad todas las políticas y medidas para reducir el riesgo ante desastres tienen como meta, cumplir con los derechos humanos y los derechos de la comunidad colectiva; o sea, cumplir con las necesidades básicas como acceso a servicios de salud, vivienda y educación, recursos vitales como el agua; la creación de un ambiente seguro y proveedor que incluye oportunidades de igualdad y competitividad; fomento de capacidades hacia el auto sustento y la auto gestión para poder convivir con el riesgo, y acceso sin límites a la información relevante relacionado al riesgo donde vive y las medidas oportunas que deben tomarse.

En el concepto de la reducción de desastres, o la gestión para reducir el riesgo, la potencial víctima es el sujeto de la planificación y toma de decisiones, mientras que en la fase de socorro y preparativos, la víctima está sujeta a apoyo e intervención externa.

Por lo tanto, los países y organizaciones que están comprometidos con la reducción de desastres y riesgo, reconocen esto como un componente de la sociedad para construir y promover los derechos humanos.

A pesar de los esfuerzos iniciados durante esta década, el costo de los desastres relacionados con el clima en 1998, por sí mismo, excede el costo de este mismo tipo de desastre ocurrido en toda la década de los 80. Miles de personas, en su mayoría de escasos recursos económicos, han muerto y millones han estado temporal o permanentemente desplazados.

1998
Un año verdaderamente desastroso; se registraron las temperaturas más altas desde el inicio de las mediciones, hace más de 150 años. Los últimos 14 años más calientes en la historia han tenido lugar durante las últimas dos décadas. Algunos indicadores muestran que este hecho puede tener relación con el calentamiento global causado por la emisión excesiva de gases de carbón, en gran parte por culpa del ser humano.

En el Caribe, los huracanes George y Mitch causaron más de 13.000 víctimas mortales; de hecho el Mitch fue la tormenta del Atlántico más mortal en los últimos 200 años. Durante el mes de junio, en la India, un ciclón, que si bien no fue ampliamente difundido por los medios de comunicación, sí causó daños de gran magnitud y cobró 10.000 víctimas.

India, Nepal y Bangladesh fueron azotadas por grandes inundaciones que dejaron como resultado más de 4000 muertos. Dos tercios de Bangladesh permanecieron inundados por meses: millones de personas quedaron sin hogar. Sin embargo, el desastre más grande de este año fue la catastrófica inundación Yangtze de China en la que murieron cientos de personas y millones quedaron en condición de desplazados y el costo fue de 30 mil millones de dólares.

En Afganistán, los terremotos de mayor magnitud mataron a más de 9000 personas. En Brasil, Indonesia y Siberia los incendios asolaron miles de kilómetros cuadrados de bosque.

1999
Sigue la época de huracanes y tormentas tropicales con mayor frecuencia que en tiempos promedios, dejando estragos en el Caribe, en la costa atlántica de Estados Unidos y en Asia. En el momento de escribir este ensayo, aún no ha terminado la temporada de huracanes de este año.

Igualmente no se puede contabilizan los daños en la India de las tormentas tropicales; y aún siguen subiendo las cifras de muertos en Turquía a raíz del terremoto, que por el momento contabilizaban alrededor de 17.000 muertos.

Las pérdidas económicas provocadas por los desastres en la década de los 90 fueron más de 9 veces mayores que en la década de los 60, según datos de la Re. Insurance Münich, y cada vez está más claro que el término "natural" para tales eventos es un término incorrecto. Según datos de la Federación Internacional de la Cruz Roja y Media Luna Roja, han ocurrido tres veces más cantidad de desastres en esta década que hace dos décadas atrás; sin embargo las aportaciones internacionales de ayuda humanitaria han disminuido un 40%.

Reduccion de Desatsres y Gestión del Riesgo

Antes de seguir, revisamos rápidamente los términos que nos ocupa, o sea, entender las causas de los desastres para poder combatirlas.

Con el fin de apreciar plenamente la factibilidad de la prevención y gestión de la reducción del riesgo, es esencial reconocer la causalidad de los desastres; la diferencia entre peligro (amenaza), vulnerabilidad y riesgo, conceptos que cada vez se están definiendo más explícitamente y están íntimamente relacionados con el grado de desarrollo de la sociedad.

·    Los peligros (amenazas, A) se pueden dividir en: de origen natural (hidrometeorlogico o geológico), socio-natural (deterioro ambiental, incendios forestales) o provocados por el ser humano. Representa la potencial ocurrencia de un suceso, que se manifiesta en un lugar específico, con una intensidad, magnitud y duración determinada.
·    La vulnerabilidad (V) es el resultado de la conducta humana, y se puede definir como un sujeto o sistema expuesto a una amenaza, que corresponde a su disposición intrínsica a ser dañado. Aspectos físicos, sociales, económicos, educativos, políticos y culturales, entre otros, contribuyen a la conformación o acumulación de vulnerabilidad. Ejemplos: el grado de conciencia de los peligros, el estado de los asentamientos humanos y la infraestructura, las políticas y la gestión pública, la capacidad de organización en todos los campos del manejo de los desastres.
·    El riesgo (R) define la probabilidad de daños sociales, ambientales y económicos, en un lugar dado y durante un tiempo de exposición determinado. Esquemáticamente hablando, es el resultante de una o varias amenazas y los factores de vulnerabilidad:

V x A = R

Cabe destacar que la percepción del riesgo cambia dependiendo de quién hace la evaluación. Se puede dividir esto en imaginarios de carácter formal, que parte de la interpretación hecha por agentes institucionales o científico-técnicos; y de carácter cotidiano o de vivencia, que se hace por parte de la población involucrada. Para impartir medidas de reducción del riesgo aceptadas y sostenidas, habrá que tomar en cuenta ambas percepciones.

También, es fundamental reconocer que los grandes problemas generadores de vulnerabilidad, ligados a la pobreza y a los procesos de urbanización acelerada y degradación ambiental, tienen un carácter acumulativo, y ciertamente relacionada con los derechos universales de los derechos humano. La pobreza es causa de desastres, pero los desastres también causan o aceleran la pobreza.

La prevención o reducción de desastres- o gestión de la reducción del riesgo, como se ha ido definiendo durante el Decenio, tiene muchas definiciones y matices, pero se entiende como el conjunto de actividades que se realizan para eliminar o reducir los elementos expuestos a un posible fenómeno destructor de origen natural o socio-natural y mitigar su impacto. Se refiere a las acciones para reducir las causas o mitigar el impacto- mejorar la capacidad de responder y actuar, - y, sobre todo, mejorar las estrategias para reducir la vulnerabilidad y condiciones de riesgo

La prevención y reducción de desastres es una tarea multisectorial e interdisciplinaria, e integra una amplia gama de actividades relacionadas entre sí en el ámbito local, nacional, regional e internacional.

Ha sido definido por el Decenio como un concepto estratégico que lleva a la reducción de la pérdida de vidas y propiedades, así como de los descalabros sociales y económicos producto de los desastres naturales.

La reducción de desastres se relaciona con otros enfoques estratégicos manejados por la comunidad internacional, como el desarrollo sostenible, la erradicación de la pobreza, la protección de los recursos naturales, el cambio climático, la globalización económica, las alianzas entre el sector público y privado, así como la declaración de los derechos humanos.

Igualmente, inyecta las preocupaciones específicas de la gestión del riesgo y la reducción de la vulnerabilidad en las estrategias económicas y sociales. Al mismo tiempo, extrae enseñanzas y conocimientos de otros dominios para contribuir al desarrollo de sus propias políticas, esfuerzos por generar conciencia y necesidades de coordinación.

En fin, es un proceso continuo que no se limita a un solo tipo de desastre o calamidad. Motiva a las sociedades a que se involucren en la gestión consciente del riesgo, más allá de la respuesta tradicional al impacto de los fenómenos naturales.

Ejemplos de algunas actividades para la reducción del riesgo:

  • Actividades comprehensivas de investigación para una mejor comprensión de los peligros naturales, su afectación a la población en su entorno social y económico, aspectos psico-sociales y cómo puede responderse mejor a los efectos de los desastres.

  • La aplicación del conocimiento científico y la tecnología para la prevención de los desastres y su mitigación, incluyendo la transferencia de experiencias y un mayor acceso a los datos e información aplicable y relevante.

  • Medidas estructurales para fortalecer la resistencia de los asentamientos humanos y la infraestructura pública a los desastres naturales y para limitar los impactos potenciales de los fenómenos naturales sobre los sistemas socioeconómicos, basados en la evaluación y los mapas de riesgos.

  • Programas sostenidos de información y concientización pública sobre los peligros naturales, la vulnerabilidad y los riesgos, incluyendo programas de educación formal y capacitación profesional.

  • Un compromiso político público con la prevención y mitigación de desastres, incluyendo la adopción de legislación relevante en los planos nacional y local.

  • La integración de la prevención de desastres en la planificación nacional, incluyendo el establecimiento de mecanismos eficaces de gestión del riesgo y de socorro en caso de emergencias.

  • Medidas de ordenamiento territorial que incluyan conciencia de los peligros, análisis de vulnerabilidad y evaluación de riesgos con la participación activa de las autoridades locales.

  • Medidas de descentralización de las responsabilidades operativas y los recursos presupuestarios para la gestión del riesgo que potencien a las comunidades locales, les permitan actuar de manera más independiente, y mejoren su resistencia a los desastres naturales.

  • Organización comunal, local y nacional para impulsar de manera integral los aspectos de gestión de reducción de riesgo y manejo de desastres.

Sin que esto implique desvalorizar las trágicas dimensiones, es importante asumir que el impacto de los huracanes como en los casos del Mitch y George, terremotos como los recientemente ocurridos en Colombia, Turquía y Taiwán, así como otros eventos agresores que ocurran en el futuro en esta región, no solamente causan pérdidas humanas y materiales, también generan grandes retos para el desarrollo sostenible así como para la defensa de los derechos humanos universales, en virtud de por lo menos cuatro razones:

  • Los desastres no solamente condensan o especifican problemas de desarrollo existentes. También revierten negativamente sobre las posibilidades de desarrollo de los países, al deteriorarlos con nuevas o más graves carencias.
  • Las acciones de recuperación y reconstrucción emprendidas ante una situación de desastre no van encaminadas a lograr un "retorno" a las condiciones previas al proceso. Desde el punto de vista psicológico y social, esto es imposible, y desde una óptica económico-material sería poco acertado, porque significaría hacer un intento deliberado por restituir las condiciones de vulnerabilidad existentes en el "antes".
  • Si los problemas que causan los riesgos de desastre son acumulativos y progresivos, las alternativas planeadas para erradicarlos o reducirlos deben basarse en acciones sostenidas, con una visión estratégica a largo plazo (A. Campos).
  • Si se entiende la seguridad ciudadana desde el punto de vista integral, como está descrito en la carta de los derechos humano, debe incluirse tanto en los procesos de desarrollo "normal", como en la reconstrucción y rehabilitación, también los aspectos de reducción de vulnerabilidad y riesgo ante fenómenos naturales, con el derecho a poder reclamar el acceso a las herramientas, conocimiento y medios necesarios por parte de las comunidades y gobiernos locales, para construir un entorno más seguro.

Es aquí donde debemos empezar a hablar de responsabilidades, tanto de los Gobiernos centrales como locales, así como de los sectores científicos-técnicos y la sociedad civil en su conjunto para que vigilen que estas condiciones se cumplan.

Al acercarse el cierre del Decenio Internacional para la Reducción de Desastres, podemos observar que hemos logrado mucho. No obstante, seguimos enfrentando desafíos mayores. Es una trágica ironía que el año de 1998, el penúltimo año del decenio, fuera también el año en el cual se incrementaron dramáticamente los desastres.

Algunos logros durante este Decenio, especialmente en esta región: se iniciaron una gran cantidad de coordinaciones, intercambios, programas educativos y cooperación científica-técnica. El DIRDN también ha servido de plataforma para fomentar acercamiento entre gobiernos, ONG's, organizaciones comunitarias, organizaciones internacionales y al sector privado para trabajar en temas de reducción del riesgo.

Principales recomendaciones a seguir
El proceso de conclusión del Decenio ha implicado una serie de reuniones temáticas y regionales para evaluar logros, avances y desafíos pendientes. Para la región de las Américas se realizó una reunión de revisión, intercambio y planificación para el próximo Siglo XXI en el tema de reducción del riesgo y desastres, en junio de 1999 en San José, Costa Rica. Esta reunión juntó 630 personas, incluyendo delegados oficiales, académicos, técnicos, lideres comunitarios, representantes de ONGs, organizaciones multilaterales y bilaterales, de un total de 33 países. En la Declaración final de esta importante y concurrida reunión, se agregó una nueva dimensión en la siguiente cláusula, que apunta hacia un deseo de desmilitarización de la atención y manejo de los desastres:

Los participantes recomiendan:
Llevar ante Naciones Unidas el ortogamiento de un voto de apoyo o reconocimiento a aquellos países que reorienten parte de su presupuesto de defensa hacia la mitigación de desastres

A continuación se resumen algunas de las conclusiones y recomendaciones para el futuro en la región de América Latina y el Caribe, que resultaron de la reunión hemisférica de DIRDN, mencionado arriba:

Sobre avances y desafíos en la región:

  • Aunque los desastres se evalúan en términos humanos y sociales, las dimensiones económicas y políticas dominan al momento de la decisión. Los principios de mitigación/reducción de la vulnerabilidad son universales, pero su aplicación concreta depende del idioma, la cultura y la situación económica. No existen soluciones estándares para países "más desarrollados" o "menos desarrollados".
  • Al mismo tiempo, una "cultura de prevención" implica una actitud colectiva que sólo puede construirse mediante un largo proceso social. Dentro de este proceso, la democratización de la información sobre desastres y la creciente participación de la sociedad civil son factores clave, por lo que la utilización de Internet ha sido un factor específico de avance en la gestión de los últimos desastres, especialmente al favorecer cambios en la relaciones de comunicación y poder entre agencias, países, comunidades locales e individuos.
  • Aún falta avanzar en el logro de compromisos nacionales más firmes, con el indispensable respaldo político y legal y sustentado por recursos específicamente asignados a la prevención.
  • Se debe tener presente que el compromiso político por lo general disminuye desde las urgencias y afanes movilizados por el último desastre y que la prevención y la mitigación exigen habilidades y actitudes distintas de las requeridas para una respuesta de emergencia. La respuesta requiere conocimiento logístico, capacidad operacional, sentido de urgencia, determinación y disciplina. La reducción de la vulnerabilidad exige una visión a largo plazo con recursos a corto plazo, paciencia y compromisos, experiencia en planificación urbana, economía, ingeniería y decisión política. Requerimientos inaccesibles para una institución aislada.
  • El futuro demanda una sinergia entre protección del ambiente y la reducción de los desastres, reforzar los mecanismos de respuesta con participación de la sociedad civil y mantener sobre el proceso una visión humana, social, y no exclusivamente económica. En el plano internacional, organizaciones subregionales fuertes, mecanismos de cooperación técnica y el respaldo global de las Naciones Unidas.
  • Durante los últimos años se ha producido en la región un intenso movimiento teórico-conceptual y práctico en torno a la problemática de los desastres. Entre los factores que han dinamizado este movimiento pueden considerarse, entre otros, los avances logrados en la producción de conocimiento, incluyendo nexos interdisciplinarios que suelen ser difíciles en otros ámbitos, el surgimiento de formas innovadoras de participación social y una mayor sensibilización ciudadana, fomentada por varios desastres de gran magnitud.
  • No obstante, todo este rico caudal de experiencias y esfuerzos creados pueden llegar a fragmentarse en múltiples iniciativas dispersas, alejándose así de su mayor fortaleza potencial: la articulación de diferentes saberes y capacidades. Por tal motivo, es fundamental impulsar su canalización sistemática, por conducto de los diversos niveles de decisión en que se puede concretar el manejo socialmente responsable de la prevención de desastres.
  • Para tales efectos, se necesita impulsar un proceso socialmente coordinado de investigación y planeamiento, como base para generar las condiciones de viabilidad y factibilidad que se requieren para avanzar en este sector. Este proceso tendrá que pasar por distintos niveles de integración, en que las unidades operativas a corto plazo (proyectos) se vinculen según su afinidad en programas y estos a su vez encuentren su direccionalidad estratégica en planes nacionales.
  • Por otra parte, disponemos de elementos de juicio suficientes como para priorizar algunos grandes problemas en la elaboración y evaluación de estos instrumentos de planificación y en la convocatoria de los diversos actores sociales que pueden intervenir en su puesta en práctica.

El tema de los derechos humanos nunca fue discutido en este contexto, pero implícitamente tocado en varias sesiones.

Próximos pasos: UNA ESTRATEGIA NUEVA ADOPTADA, UN MUNDO MÁS SEGURO EN EL SIGLO XXI. Reducción de riesgos y desastres

Para dar seguimiento a lo incido durante el DIRDN, se estableció en la reunión global "Foro Programático del DIRDN en Ginebra, en julio de 1999, una Estrategia Internacional a seguir sobre el tema, que luego ha sido ratificada en ECOSOC y la Asamblea General de las Naciones Unidas. La estrategia establece lo siguiente (extracto textual):

"INTRODUCCIÓN
Si bien muchos de los peligros son inevitables y la total eliminación de los riesgos es imposible, existen numerosas técnicas y prácticas tradicionales, así como gran experiencia pública que permiten reducir la gravedad de los desastres económicos y sociales. Los peligros y las situaciones de emergencia obedecen a condiciones naturales, pero la conducta humana puede ser modificada. Como dijera el Secretario General, el Sr. Kofi Annan:
"Ante todo debemos efectuar un viraje hacia una cultura en que impere la previsión. Prevenir no solo es más humano que remediar, sino también mucho más económico…. Ante todo, no debemos olvidar que la prevención de desastres es un imperativo moral, no menos importante que la reducción de los riesgos de conflicto armado."

VISIÓN
Dar a todas las comunidades la capacidad de hacer frente a los efectos de los peligros naturales, tecnológicos y ambientales, reduciendo los riesgos que plantean para los aspectos vulnerables de la malla social y económica de las sociedades modernas, a fin de pasar de la protección contra los peligros a la gestión del riesgo.

FINES
I.    Sensibilizar a la población sobre el riesgo que representan los peligros naturales, tecnológicos y ambientales para las sociedades modernas.
II.    Obtener el firme compromiso de las autoridades públicas de reducir el riesgo que afecta el sustento y la infraestructura social y económica de la población y los recursos ambientales.
III.    Lograr la participación del público en todos los campos de ejecución para crear comunidades capaces de resistir a los desastres mediante una acción más solidaria.
IV.    Reducir las pérdidas económicas y sociales causadas por los desastres, calculadas sobre la base de un porcentaje acordado internacionalmente del Producto Interno Bruto de los países.
…..

Partes competentes
La protección de la ciudadanía contra los riesgos y desastres es responsabilidad principalmente de los gobiernos. Con todo, las comunidades locales y los elementos de la sociedad civil que se ven más directamente amenazados por los peligros son los principales iniciadores de importantes medidas de prevención de riegos y desastres. Ambas partes deben colaborar estrechamente y recibir el necesario aliento y respaldo que haga realidad la visión de una comunidad capaz de hacer frente a los desastres.
La colaboración regional, subregional e internacional es fundamental, sobre todo por cuanto se refiere a la difusión de experiencia e información, aplicaciones científicas y técnicas, la promoción continua y la coordinación de estrategias para colaborar en el desarrollo de las capacidades nacionales. El sistema de las Naciones Unidas cumple una función rectora especial en la reducción del riesgo y desastres en el ámbito mundial por su carácter universal, alcance interdisciplinario y multisectorial, y desempeña un papel de foro de diálogo mundial."

Hacia el Siglo 21

Al reconocer estos enfoques en todos los planos, se continuará con una plataforma inter-agencial para la reducción de desastres como sucesor al DIRDN. Responderá al Secretario General Adjunto de Asuntos Humanitarios. Se establecerá un grupo de tarea inter-agencial e inter-disciplinario, con representantes de las organizaciones de las Naciones Unidas, la comunidad científica, la sociedad civil y organizaciones regionales y se mantendrá una secretaría inter-agencial con sede en Ginebra. Contará con una oficina regional para América Latina y el Caribe con sede en Costa Rica y buscará establecer oficinas promotoras similares para las regiones de Africa y Asia. La mayor fuerza se dedicará a fomentar y fortalecer las capacidades y estructuras nacionales y locales, apoyados por un grupo interagencial en el marco internacional, bajo la estrategia descrita anteriormente.

Queda en evidencia que la responsabilidad de los Gobiernos Nacionales y Locales en estas tareas es grande, y compartida con la comunidad cientifica-técnica y sobre todo con la sociedad civil organizada y las comunidades mismas.

Concluimos con los siguientes puntos:

  • Los fenómenos de carácter naturales - de origen geológico e hidrometeorológico- no se pueden predecir ni evitar en la mayoría de los casos. Los desastres ocurren cuando los fenómenos naturales impactan sobre los sistemas socio económicos vulnerables. La vulnerabilidad es un acto del comportamiento y de la acción humana. Mientras que un fenómeno natural no puede ser influenciado en sí mismo, en la mayoría de los casos la acción y el comportamiento humano si pueden. De este modo la vulnerabilidad del ecosistema humano y el riesgo por los peligros naturales pueden ser reducidos concreta y proactivamente. Por lo tanto, es posible trabajar para la reducción de los desastres, mediante la gestión integral de reducción del riesgo. Consecuentemente, la reducción de los desastres no es una elección fortuita por medio de la acción, dependiente de las tendencias y "modas", sino de una moral imperativa.
  • La reducción de los desastres no es un enfoque unicultural solamente: forma un elemento indispensable en un gran número de estrategias sectoriales, tanto en la planificación como en su implementación. Estos incluyen, entre otros, el manejo de los desastres y la asistencia humanitaria; desarrollo de la cooperación técnica y la planificación; la mitigación del impacto del cambio del clima así como la adaptación social a la variabilidad del clima; la protección de los recursos naturales, el agua, la ciencia y la tecnología, crear una sociedad global informada, promocionar una asociación económica global; administración del crecimiento de la población así como de los traslados de la población; estar conscientes de los derechos humanos y de la sociedad civil.
  • La reducción de los desastres es también un concepto estratégico por sí mismo. No es solamente un apéndice operacional dentro de la acción sectorial, sino que presenta una estrategia imperativa. La reducción de los desastres introduce elementos importantes dentro del enfoque sectorial, con base en una evolución conceptual y aplicación efectiva. La reducción de los desastres depende de la interfase entre el desarrollo no operacional de política, cabildeo y coordinación por un lado, y el compromiso sectorial para aplicar las medidas de reducción de los desastres dentro de sus responsabilidades y mandatos dados de manera concertada, por el otro.
  • La reducción de los desastres debe ser aplicada a muchos niveles por medio de una gran variedad de actores, tanto para el sector público como para el privado. La reducción de los desastres, forman parte de una cooperación multilateral, internacional, intraregional, regional y bilateral. Las Naciones Unidas constituye una plataforma única para unir todos estos intereses en busca de un beneficio común. El logro de la reducción de los desastres naturales depende de acciones concertadas, coordinadas y de cooperación entre todos los niveles. La reducción de los desastres no progresará si se deja únicamente que los sectores trabajen el tema como parte de sus funciones normales. Consecuentemente, el concepto institucional y funcional actual del DIRDN, ubicado en el contexto de la coordinación humanitaria de las Naciones Unidas, cumple con todos estos criterios y necesidades y debe ser tomado en cuenta como un mecanismo comprobado, cuando se decidan las funciones futuras para la reducción de los desastres naturales en el plano internacional.
  • La reducción de los desastres naturales forma parte integral de las estrategias de desarrollo sostenible; igualmente, la reducción de los desastres forma parte integral de la asistencia humanitaria, en su definición amplia, la cual abarca medidas de prevención y mitigación, preparativos y respuesta, así como también la rehabilitación y la reconstrucción hacia un nivel más resistente a los desastres. La reducción de los desastres ofrece una de las raras posibilidades de un efectivo vínculo entre los responsables del desarrollo sostenible y humanitario, proporcionando así oportunidades para ambos en contribuir a una estabilidad económica y social, y por lo tanto, paz y seguridad.
  • Dado el hecho de que el reconocimiento al acuerdo general para la reducción de los desastres, como se ha formulado arriba, se manifiesta ampliamente a la comunidad internacional, especialmente dentro de los responsables de desarrollo sostenible, científico y técnico, parece sorprendente que la "imperiosa necesidad preventiva" de ese concepto no parece ser totalmente aprovechada por los responsables de la respuesta humanitaria y el desarrollo operacional. Como se señaló al principio de este documento, el concepto de integrar la prevención, preparativos y mitigación de los desastres dentro de los programas y la planificación del desarrollo ya fue visiblemente señalado en la agenda de 1994. Cuando se emprendió en 1989, el DIRDN se basó en la firme convicción de que la reducción de los desastres naturales se necesitaba y era posible, y que los medios para obtener los resultados concretos estaban disponibles. Entonces ¿por qué, durante los últimos diez años, la reducción de los desastres naturales a menudo han parecido ser solamente de un interés secundario, dentro de la asistencia humanitaria y la cooperación para el desarollo?
  • Una de las explicaciones podría ser que la cooperación para el desarrollo y la respuesta humanitaria pueden ser percibidas por alguien, por ejemplo la comunidad receptora, que siendo predominantemente intervencionista se acerca, impuesta por los sistemas externos socio económicos necesarios. Como tal, el proveedor de esta asistencia ejerce un control considerable sobre la planificación, el establecimiento prioritario y la implementación, en consecuencia describiendo el nivel de progreso, para ser alcanzado finalmente. En cierto sentido, el proveedor de la asistencia "monopoliza" algunos de los más esenciales componentes del desarrollo y de la ayuda y tendrá que ser reconocido, como tal, como una necesidad por los países receptores y terceras personas semejantes.
  • Recíprocamente, la reducción de los desastres está intrínsecamente ligada a la auto determinación de las comunidades y de las autoridades nacionales para establecer los niveles de riesgo aceptable y los niveles de seguridad que acordado, de este modo se aplica la reducción de los desastres para sus propios intereses y para su beneficio directo. La reducción de los desastres puede conducir a planos mayores de independencia; por eso, se pueden reducir las posibilidades de una interferencia externa y por lo tanto dejar menos espacio u oportunidad para la visibilidad del donante. Una visión similar se refiere a la noción de competitividad económica dentro de la globalización: en caso de la cooperación para el desarrollo solamente se permitió intereses externos para prescribir un nivel máximo aceptable de progreso y de sólida competencia, la respuesta humanitaria podría ser indispensable como una "seguridad neta" para aliviar el sufrimiento humano, si es que este tipo de desarrollo fracasara y se dejara para crisis posteriores. Por lo anterior, es interesante observar la discusión y la promoción actual de la "ayuda al vacío del desarrollo" como si la única solución estuviera en mejorar la respuesta humanitaria y la capacidad de preparativos. La interpretación de la división existente entre los esfuerzos de la cooperación para el desarrollo y la respuesta humanitaria es un contraste muy marcado con los requerimientos del desarrollo sostenible integrado y mulisectorial.
  • Dentro del proceso continuo de los ecosistemas humanos que se mueven a través de períodos de estabilidad y crisis, el acercamiento estratégico hacia el desarrollo apunta hacia sistemas que se mueven gradualmente y de una manera sostenida hacia un estado "ideal" de bajo riesgo y libre de ruptura. Sin la firme integración de elementos preventivos para la reducción de los desastres dentro de la cooperación del desarrollo y la asistencia humanitaria, o más aún, sin establecer actividades para el desarrollo y los preparativos y la respuesta humanitaria dentro de estrategias integradas primordiales para la reducción de los desastres, la asistencia humanitaria para el futuro corre el riesgo de contribuir a la perpetuación de las crisis más que a solventar sus causas desde la raíz. En Yokohama, en el año de 1994, La Conferencia Mundial sobre la Reducción de los Desastres Naturales adoptó el Mensaje de Yokohama, el cual establece, entre otros: "La Conferencia de Yokohama está en un punto crítico en el progreso humano. En una dirección yacen los escasos resultados de una extraordinaria oportunidad dada a las Naciones Unidas y a sus Estados Miembros. En la otra dirección, las Naciones Unidad y la comunidad mundial pueden cambiar el curso de los eventos, reduciendo el sufrimiento ocasionados por los desastres naturales. La acción es urgentemente necesaria". Todavía no es muy tarde.


HMV-DIRDN-sept 1999



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